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    Il trovatore, Ópera de G. Verdi

    Il trovatore, Ópera de G. Verdi

    Giuseppe Verdi sabía lo que tenía que hacer para conseguir una reacción de su público. Poco importa lo inverosímil de la trama, con Verdi siempre se siente que lo que más importa son los personajes. Y encontrar la manera de expresar su personalidad, ya estuviesen éstos celosos, vengativos, tristes o enamorados, fue justamente lo que llevó a Verdi a crear una música sublime.

    Basada en una obra de teatro de Antonio García Gutiérrez y compuesta sobre un libreto de Salvatore Cammarano, el drama de El Trovador (Il trovatore) gira en torno a una tragedia que regresa a su punto de partida en su momento final. Al principio de la ópera, nos cuentan cómo Azucena, enfurecida porque su madre ha sido injustamente condenada a muerte por brujería, lanza a su propio hijo en la pira funeraria, en un arrebato de locura, en lugar de a Manrico, el hermano pequeño del verdugo de su madre, el Conde de Luna.

    Azucena cuida así a Manrico como a su propio hijo, con el único fin de que éste y de Luna se conviertan en enemigos férreos. Para empeorar las cosas, ambos hombres aman a la misma mujer, Leonora. Cuando Manrico es capturado por de Luna, Leonora ruega por la vida del primero, ofreciéndose ella como premio a cambio de la liberación de su amado. El Conde accede a su petición pero, cuando descubre que la joven se ha envenenado para permanecer fiel a Manrico, lo condena a muerte. Sólo cuando el prisionero es asesinado, revela finalmente Azucena la verdadera identidad de Manrico.

    Famosa por la energía de su Coro de gitanos, la ópera El Trovador da a cada uno de sus cuatro personajes principales – Leonora, Azucena, Manrico y el Conde de Luna - memorables escenas, al explorar y explotar Verdi la psicología de éstos. De hecho, pocas óperas pueden igualar los brillantes contrastes dramáticos de El Trovador.

    Comparar la ternura de Leonora al recordar, en su Tacea la notte placida (La tranquila noche está en silencio), a Manrico, el trovador del título, cantándole, con la desesperación de Azucena cuando piensa en su madre quemada en la hoguera por un crimen que no cometió, en Stride la vampa! (¡Rugen las llamas!), nos da una idea de por qué Verdi es reconocido como uno de los verdaderos maestros de la ópera.

    Estrenada en el Teatro Apollo el 19 de enero de 1853, El Trovador regresa ahora a la ciudad elegida para su estreno, pero esta vez al Teatro Costanzi, la Ópera de Roma. No tengan miedo de sentir incredulidad ante el particular enfoque de Azucena sobre la maternidad; la sinceridad emocional de El Trovador jamás es cuestionada. Es, sencillamente, una obra que embelesa a todo aquel que asiste a su representación.