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Don Quijote, Ballet de L. Hilaire

Don Quijote, Ballet de L. Hilaire

La llegada a Roma de la versión de Laurent Hilaire del Don Quijote de Ludwig Minkus nos da la sensación de que el mundo del ballet es un continuo retorno a los orígenes: de hecho Hilaire, al ser nombrado director artístico del ballet Stanislavsky de Moscú a principios de 2017, se convirtió en el primer francés desde el legendario Marius Petipa en dirigir una compañía de ballet rusa. Cuando se estrenó Don Quijote de Minkus en el Teatro Imperial Bolshói de Moscú en diciembre de 1869, había sido justamente Petipa quien había creado la coreografía.

Tomando episodios específicos de la novela clásica de principios del siglo XVII de Miguel de Cervantes, Don Quijote ha atraído la atención de muchos otros maestros de ballet como Alexander Gorsky, Mijaíl Barýshnikov y, quizás el más famoso de todos, Rudolf Nuréyev. El Don Quijote de Hilaire puede que se haya inspirado en la versión de Barýshnikov para el American Ballet Theatre, pero es también sin duda un homenaje a Nuréyev. Fue, de hecho, gracias a éste último que Hilaire pasó de sujet a étoile en 1985 tras su excepcional actuación en El lago de los cisnes para el ballet de la Ópera de París.

Este ballet, al igual que el libro en el que se basa, está lleno de humor. Don Quijote, que tiene la cabeza llena de antiguas historias de caballeros, confunde los acontecimientos de la vida real con las historias que lee. Así, piensa que una joven llamada Kitri es su amada Dulcinea. Después de bailar con el Caballero de la Mancha, Kitri se escapa con su amante, Basilio, perseguida por un padre reprobador, Lorenzo, y por el hombre que éste último preferiría como marido para su hija, Gamache. Don Quijote y su fiel criado, Sancho Panza, parten también tras los pasos de los dos enamorados.

Como era de esperar, el caballero se distrae fácilmente. Interrumpe un espectáculo de marionetas en el que confunde al personaje principal de nuevo con Dulcinea. Después, en una escena que recrea uno de los episodios más famosos de la historia original, desafía en duelo a un molino de viento, pensando que es un gigante maleante. Finalmente recupera la cordura y hace todo lo que puede para evitar que Kitri y Basilio sean descubiertos por Lorenzo y Gamache.

Desafortunadamente, Lorenzo termina por encontrarlos, pero Basilio, fingiendo su propio suicidio, consigue que Lorenzo le otorgue un último deseo: la mano de su hija. Basilio se recupera milagrosamente y su boda con Kitri se convierte en un motivo de celebración (y por supuesto, de más bailes) antes de que Don Quijote y Sancho Panza se marchen en busca de nuevas aventuras.

Según Hilaire, sólo puede crearse el mejor arte si los bailarines de la compañía van hasta el límite de sus capacidades técnicas. Esta temporada, Don Quijote en el Teatro Costanzi, Teatro dell’Opera di Roma, será sin duda alegre y exuberante, pero, basándonos en los comentarios de Hilaire, promete ser también un ballet del más alto nivel.




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